RESUMEN
Proponemos establecer una comparación entre el archivo onírico recopilado por la periodista alemana Charlotte Beradt entre los años 1933 y 1938, y los sueños rescatados por Jean Cayrol durante su encierro carcelario en la prisión de Fresnes (1942) y su encierro concentracionario en Maunthausen-Gusen (1943-1945). Retomaremos para esta tarea las lúcidas referencias de Reinhart Koselleck en “Terror y sueño” acerca de estos dos testimonios oníricos, que muestran de modo único las transformaciones del espacio de experiencia y del horizonte de expectativas que el discurso de la vigilia de entonces aún no lograba claramente articular.
A partir de estas líneas, profundizaremos por un lado la noción beradtiana de los sueños como “sismógrafo de una época”, es decir, como una producción imaginaria que, en su versión política o coral, puede funcionar como una advertencia de la inminente catástrofe. Por otro lado, exploraremos la tesis de Jean Cayrol acerca de la “adaptación” de los sueños al mundo concentracionario, y la consiguiente mutación en la elaboración onírica, que no solo pone en cuestión las tesis freudianas acercas de los sueños, sino que también indican los senderos para una posible literatura lazariana post-concentracionaria.
INTRODUCCIÓN
La vida onírica ha despertado un fuerte interés a lo largo de la historia y ha suscitado los más singulares y variados análisis. Si bien no está claro qué quieren decir nuestros sueños, qué mensajes implícitos podrían acarrear, o qué elementos deberían ser desenterrados e interpelados para poder comprenderlos, lo cierto es que hay una suerte de acuerdo “transhistórico” acerca de que los sueños tienen sentido. Freud mismo, al considerarse fundador de una teoría que encuentra un sentido para los sueños (el que abona sus desarrollos sobre el Inconciente), construye sus antecedentes en La interpretación de los sueños (1984 a), señalando distintas formas de concebir el sentido asignado a los sueños y de trabajar con él. Y sin embargo, es ni más ni menos que Freud quien de algún modo circunscribe su concepción acerca de los sueños a un sentido muy específico, clausurando otras vías de acceso. Como vía regia de acceso a lo Inconciente, el sueño freudiano es un constructo singular que conduce al pasado del soñante, e incluso indica su lugar adjudicado y asumido en un drama general (universal), el del complejo de Edipo. En este sentido, tomando la sugerencia de Schorske de que Freud remite la historia personal a un “colectivo ahistórico” (2011: 202) despolitizando su articulación existencial con el horizonte histórico-político en el que vive, cabe resaltar la interrupción de todo interés por el componente “contextual” o político de los sueños, relegados la mayoría de las veces a meros “restos diurnos”. Esto se articula específicamente con el interés freudiano por el trabajo “uno a uno” con sus pacientes, por una “clínica de lo singular”, que impide el abordaje colectivo de las producciones oníricas y las repliega a su función de “cumplimiento regresivo de un deseo sexual, infantil, reprimido” como reza la célebre definición.
Aquí cabe mencionar el momento de quiebre de la teorización freudiana sobre los sueños en Más allá del principio de placer (Freud, 1984 b:12-13) principalmente a partir de las alteraciones nerviosas suscitadas a partir de la Primera Guerra Mundial. ¿Qué sucede cuando un conjunto de personas está sometido a las mismas reglas del miedo, del horror, o de ambas cosas a la vez? Freud señala aquí dos vías de acceso a este fenómeno inédito: “…tal vez nos quede el expediente de sostener que en este estado la función del sueño, como tantas otras cosas, resultó afectada y desviada en sus propósitos; o bien tendríamos que pensar en las enigmáticas tendencias masoquistas del yo.” (Ídem: 13-14). Al avanzar por la segunda vía, eminentemente “metapsicológica”, el psicoanálisis freudiano abandona la otra, de raigambre histórico-política.
En este trabajo, proponemos recorrer la vía abandonada por Freud a partir de dos archivos oníricos del nazismo, el de Charlotte Beradt y el de Jean Cayrol, que muestran, de manera diferente aunque quizás complementaria, una alteración profunda en los mecanismos de elaboración onírica. Charlotte Beradt recopila sueños de gente corriente en la Alemania nazi de los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Así, logra un archivo onírico que reúne variados relatos reunidos entre 1933 y 1938. Encuentra puntos en común, escenas que se repiten, temores solapados y, sobre todas las cosas, la enunciación cifrada de los cambios percibidos en la experiencia cotidiana que avizoraban la profundización del terror, algo que todavía no podía ser enunciado en el discurso de vigilia. Elabora allí la idea de los sueños como “sismógrafo de una época”, una señal que advierte sobre el cataclismo que podría advenir pero sólo a condición de hacer serie (archivo) con los sueños de otros y otras, es decir, tomando a los relatos oníricos en su dimensión colectiva.
Jean Cayrol, por su parte, también presta atención a los sueños, en este caso, de sus compañeros de campo ahora sí en un contexto de represión nazi a cara descubierta, sin velos. Los sueños son los de quienes están dentro del campo, y terminan adaptándose a este mundo, mostrando también ellos (al igual que los recopilados por Beradt) que sufren las modificaciones que impone una situación de terror común.
En los siguientes párrafos mostraremos brevemente las nociones centrales de estas dos “etnografías oníricas” a fin de bosquejar algunas hipótesis acerca de la relación entre sueños, historia y política***, que nos permita indagar la vida onírica como parte de nuestras experiencias que no sólo nos ligan al pasado sino que también inciden en el modo en que se vive el presente y se dimensiona el futuro.
BERADT Y EL SUEÑO COMO SISMÓGRAFO
En el “Prólogo” a la edición castellana de El Tercer Reich de los sueños (Beradt, 2019: 9 y sigts.), Levi y Nívoli presentan una hipótesis fuerte de lectura: la reunión de sueños realizada por la periodista alemana Charlotte Beradt demuestra que la situación totalitaria termina por alterar las condiciones mismas de la elaboración onírica. Algo del orden del aparato propagandístico del régimen va parasitando el aparato psíquico de los soñantes, modelándolo y homogeneizándolo de tal modo que, con el correr del tiempo, sus producciones oníricas parecen cortadas por la misma tijera o, como sostiene la propia Beradt, “parece(n) provenir directamente del taller del régimen totalitario” (Íbíd.: 27).
En este sentido, como lo explicita Beradt en el primer capítulo “El Tercer Reich de los sueños. Génesis de la obra”, uno de los objetivos de su trabajo radica en mostrar “…tanto las reacciones psicológicas y los comportamientos típicos de los individuos, como el impacto directo de la dominación total sobre cada uno de los dominados” (2019: 31). Ese impacto del régimen es directamente comprobable en los relatos de sueños recopilados durante los primeros años del régimen nacionalsocialista, cuando no era evidente lo que ocurriría a partir de 1939, y tampoco era concebible (al menos para la racionalidad de la vigilia de entonces) lo que ocurriría a partir de 1942, cuando se define la “solución final”. Los sueños de los Mitläufers [los que siguen la corriente] recopilados por Beradt, parecían estar más despiertos que sus vidas de vigilia. Muy tempranamente, desde 1933, anunciaban, tanto por sus temas como por sus técnicas estereotipadas de elaboración, lo que más adelante se concretaría en el mundo fáctico.
Es por eso que Beradt utiliza la imagen del “sismógrafo” para caracterizar a estos sueños: “…sueños de este tipo se asemejan a diarios nocturnos, ya que parecen registrar minuciosamente el impacto de los acontecimientos políticos externos en el interior de las personas a la manera de un sismógrafo, no obstante provenir de una actividad psíquica involuntaria. Las imágenes oníricas pueden, por lo tanto, ayudar a interpretar la estructura de una realidad que se dispone a transformarse en una pesadilla.” (Beradt, ídem.: 27-28).
La vida onírica parecía estar más conectada, es decir, más despierta, que la vida cotidiana, violentamente alterada por un espacio de experiencia que se tornaba ilegible y un horizonte de expectativas que se había dislocado completamente. La realidad cada vez más absurda, cada vez más tramada en nuevos aparatos de ficción (mitos, emblemas, aparatos propagandísticos omnipresentes, explicaciones científicas sobre la superioridad racial, etc.), cada vez más uniformizada, se presentaba como indigerible para las lógicas y esquemas de pensamiento heredados.
Frente a cierto estado de adormecimiento y hasta de indiferencia con respecto a esta nueva realidad, los sueños del archivo de Beradt evidencian una lucidez inusitada, incluso en soñantes que confesaban no estar en absoluto interesados por las cuestiones del “afuera”. A medida que la sociedad alemana se iba “despolitizando”, es decir, se iba refugiando en las conductas adaptativas que les permitían, en la medida de sus posibilidades, sobrevivir sin mayores sobresaltos a las reglas cada vez más opresivas del régimen, los sueños parecían politizarse. No sólo sus temas referían explícitamente al universo del régimen, sino que su propia ejecución participaba en este último como herramienta de difusión del terror. La maquinaria se había automatizado a tal punto que el propio aparato anímico se había alineado a sus requerimientos y funcionaba a su favor.
El archivo de sueños políticos de Charlotte Beradt (la autora los llama “fábulas políticas”), actúa como sismógrafo al menos en dos sentidos. En primer lugar, se trata de materiales que atestiguan la “facticidad de lo ficticio” (Koselleck, 1996: 275), esto es, que forman parte de una realidad en pleno proceso de transformación, y a la vez ejercen modificaciones sobre la misma, sobre todo en la conducta de los individuos que están sometidos a ella, en una suerte de recursividad que potencia el flujo represivo generalizado, sin necesidad de utilizar (en principio) herramientas explícitas de tormento. En segundo lugar, proveen información inestimable acerca de una realidad in statu nascendi, que permitiría, en cierta medida, no sólo informar, sino también “advertir” acerca del mundo que se avecina (Beradt, 2019: 134). Es este segundo sentido el que le interesa particularmente a Beradt, teniendo en cuenta fundamentalmente el objetivo de su recopilación y de su publicación: llamar la atención a futuras generaciones sobre la potencia anticipatoria de la vida onírica, que podría llegar a advertirnos de futuros desastres.
Pero para eso es preciso trabajar haciendo archivo onírico, lo que no parece ser la cosa más repartida en el mundo.
CAYROL Y LOS SUEÑOS APOLÍTICOS ADAPTADOS AL CAMPO
Jean Cayrol, poeta francés de 32 años, es detenido en la Prisión de Fresnes en 1942. El prisionero sueña y percibe que sus elaboraciones oníricas van mutando conforme pasan los días de encierro. En la “primera ola”, los sueños reviven situaciones familiares anteriores al encierro, en la “segunda ola”, su mundo onírico acepta el encierro, pero lo matiza con salidas temporarias y encuentros con parientes y amigos. En la “tercera ola”, los sueños se desgajan de las condiciones concretas de existencia y se presentan como paisajes abiertos, horizontes desiertos, edificaciones suntuosas y deshabitadas, bañadas por la luz solar. El poeta afirma que, con esta tercera ola de sueños, el prisionero se encuentra preparado para los grandes sueños concentracionarios. En 1943, es enviado al campo de concentración de Mauthausen-Gusen, bajo el decreto “Noche y Niebla” [Nacht und Nebel] destinado a los resistentes del Tercer Reich. Allí aprende a soñar para sobrevivir. Sabe que aquellos que se aferran al futuro del pasado, los que padecen de sueños-proyecto, los que tienen esperanzas de retornar al mundo del ayer, están condenados a la muerte. El sueño que salva es aquél que provee un motivo diario, concreto-abstracto, al cual aferrarse para soportar las vejaciones persistentes de la vigilia.
Jean Cayrol señala que durante el proceso del encierro se produce una llamativa conversión en los modos de elaboración onírica que va desde la versión más clásica de lo onírico en los sueños carcelarios, donde “el prisionero depositaba en esos sueños recluidos y cerrados toda su capacidad de amor, de libertad y de felicidad” (Cayrol, 2022), a una suerte de desadaptación adaptativa como defensa frente a la irrealidad del Campo propia de los sueños concentracionarios. Entre estos sueños concentracionarios se cuentan los sueños de salvación (sueños “adaptados” a las condiciones del Campo) y los sueños-proyecto o sueños-futuro (sueños “desadaptados” a las condiciones del Campo). Mientras los de salvación son pobres en imágenes y están mayormente inundados por la luz solar o algún color particular, los sueños-proyecto se concentran en la vida pasada de los soñantes, que lo colocan en situación de imaginarse un futuro consonante con ese mundo perdido. Entre un tipo de experiencia onírica y otro se jugaba, según Cayrol, la posibilidad misma de la supervivencia a las condiciones irreales y salvajes del Campo. El “antiguo concentracionario”, que sabía estar a tono con ese universo dislocado, soñaba también en su misma sintonía, es decir, en modalidad “lazariana”. El héroe lazariano de esta historia trágica, estaba obligado a desligar todas las ataduras con ese pasado perdido y por lo tanto con su presente distorsionado y con un horizonte desértico. En esa actitud que lo mantenía en estado de “flotación” constante, nada podía afectarlo y sólo podía conmoverlo una obra de arte que no representara absolutamente nada más que a sí misma. De no ser así, el prisionero estaba directamente condenado a la desaparición. Su insistencia en refugiarse en la “antigua casa humana”, según el adagio de Bataille citado por Cayrol, lo confrontaba frente a lo imposible del Campo, destruyéndolo tanto psíquica como físicamente.
Los sueños lazarianos, entonces, se configuran como la producción más original del Campo y a la vez como posibilidad de supervivencia en él. Se trata de un efecto de desgajamiento de la condiciones reales (e imposibles) de existencia, por eso Koselleck llega a la aporética conclusión de su política apoliticidad: “[l]o políticamente notable de estos sueños es, si se quiere, que son apolíticos” (1996:280).
La función conservadora (adaptativa) de los sueños surge de la propia experiencia concentracionaria. Los sueños salvan la vida del prisionero sintonizando el “universo salvaje del Campo”, es decir, sufriendo modificaciones estructurales en las que resuenan los cambios históricos de la experiencia producidos en este espacio aterrador. A medida que la imaginación onírica se despoja de los viejos mecanismos de elaboración y abandona el ropaje de los relatos de acción (como aún se puede ver en los sueños de Charlotte Beradt), acompaña mejor la vida cotidiana de los concentracionarios y resulta más acorde a su percepción alterada por la violencia de las imágenes sensibles que lo rodean.
NOTAS FINALES. HACER ARCHIVO COMO ACTO POLÍTICO
Para finalizar, queremos destacar dos cuestiones que nos resultan nodales en ambas etnografías oníricas durante el nazismo. Por un lado, tal como hemos visto brevemente en los párrafos anteriores, es posible recorrer con ellas la dimensión socio-histórica del soñar, que incide directamente en los modos de elaboración onírica de una época determinada, precisamente cuando las condiciones de existencia (el espacio de experiencia y el horizonte de expectativa) se encuentran en vías de una violenta transformación. En este sentido, se hace posible inscribir la propia historia en la Historia y otorgar un marco político a las vivencias subjetivas, incluso a aquellas que pareciera que en el discurso cultural contemporáneo, quedan ineludiblemente remitidas a lo subjetivo e individual. Así como los individuos conforman masas – las masas aterrorizadas, las masas prisioneras – moldeando y transformando el espacio social, también el contexto socio histórico parasita y penetra las individualidades que jamás podrían estar exentas de esas vivencias, mucho más si son de índole colectiva.
Por otro lado, para finalizar, cabe mencionar la relevancia política que adquiere tanto en Charlotte Beradt como en Jean Cayrol, el propio acto político de hacer archivo. Recolectar sueños, conectar mediante el intercambio onírico a los aislados habitantes de un régimen totalitario, permite volver a tramar los lazos de solidaridad que se han visto interrumpidos por el terror. Una imposible y evanescente “comunidad de soñantes” aparece, entonces, como registro, denuncia y esperanza frente al genocidio que los empuja a desligarse de toda referencia al espacio-tiempo con los otros y con su propio mundo lúdico de creación.
Notas
*Directora del Centro de Estudios Periferia Epistemológica (CEPE-UNR). Docente e investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y del Instituto Universitario Italiano de Rosario (IUNIR). Doctora en Ciencia Política (UNR), Magister en Literatura Argentina (UNR) y Psicóloga (UNR). En la actualidad está abocada junto al equipo del CEPE a la investigación sobre archivos de sueños en diversos contextos (nazismo, pandemia, encierro carcelario y concentracionario). En ese marco, ha traducido del alemán El Tercer Reich de los sueños de Charlotte Beradt junto a Leandro Levi (Santiago de Chile: LOM, 2019 y Logroño: Pepitas de calabaza, 2021) y del francés Lázaro entre nosotros de Jean Cayrol junto a Elena Donato, Sofía Payaro y Victoria Farruggia (Santiago de Chile: LOM, en preparación).
** Docente e investigadora de la Facultad de Psicología de la UNR y del IUNIR. Miembro del CEPE. Doctora en Historia (UNR), Psicóloga (UNR), Lic. En Historia (UNR). Realiza actualmente un posdoctorado en UNR sobre los sueños en la historia. Co-editora del libro La pandemia de los sueños. Un archivo onírico del Covid-19 (en preparación).
***La lectura de estos archivos oníricos abre las puertas al señalamiento de que, quizás, la historiografía tenga un largo camino por recorrer si todavía se plantea la posibilidad de estudiar estructuras mentales, retomando quizás los planteos de los primeros protagonistas de la escuela de los Annales. En todo caso, la vía abierta por Reinhart Koselleck () otorga una fuerte plataforma de legibilidad y legitimidad a estos materiales y al diálogo transdisciplinario que estos impulsan.
Bibliografía
Beradt, Charlotte 2019 (1966) El Tercer Reich de los sueños. Traducción y prólogo Leandro Levi y Soledad Nívoli. Posfacio de Bárbara Hahn (Santiago de Chile: LOM)
Cayrol, Jean 2022 (1950) Lázaro entre nosotros. Trad. Elena Donato, Victoria Farruggia, Soledad Nívoli, Sofía Payaro (Santiago de Chile: LOM) [en preparación]
Feierstein, Daniel 2011 (2011) El genocidio como práctica social. Entre el nazismo y la experiencia argentina. Hacia un análisis del aniquilamiento como reorganizador de las relaciones sociales. (CABA: FCE)
Freud, Sigmund 1984 b (1920) “Más allá del principio de placer” en Freud, Sigmund Obras completas. Trad. José L. Etcheverry (Buenos Aires: Amorrortu). XVIII
Freud, Sigmund 1984 a (1900) “La interpretación de los sueños” en Freud, Sigmund Obras completas. Trad. José L. Etcheverry (Buenos Aires: Amorrortu). V
Koselleck, Reinhart 1993 (1979) Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos. Trad. Norberto Smilg (Buenos Aires: Paidós)
Schorske, Carl 2011 (1961) La Viena de fin de siglo. Política y cultura. Trad. Silvia Jawerbaum y Julieta Barba(Buenos Aires: Siglo XXI)
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