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Grietas, fisuras y apertura de la institución total como condición de posibilidad para que emerja (advenga) la producción onírica

Georgina E. Borzone

Presentación del contexto de la presente reflexión

El contexto en el que surgen estas reflexiones ligadas al universo onírico se nutre de dos fuentes que considero sería importante explicitar. Por un lado, el trabajo que vengo realizando como Psicóloga en un dispositivo de salud para ciudadanía privada de la libertad que se encarga de ejecutar lo que establece en su artículo 23 la ley provincial de Salud Mental 10772 /91. Por otro lado, el cursado de la carrera de Especialización en Psicología clínica, institucional y comunitaria de la Facultad de Psicología, que tenía como requisito la elaboración de un trabajo final. En aquellos tiempos de elaboración del escrito, en una reunión de retrabajo, una docente ajusta la consigna pronunciando una frase que se podría formular del siguiente modo: “pueden analizar de qué modo la institución en la que realizan su práctica hace obstáculo en la clínica”.
Articulando la experiencia de trabajo en el dispositivo de salud asentado en una penitenciaría y la propuesta de la profesora, súbitamente pensé: “los sujetos que consultan al dispositivo en el que trabajo casi nunca relatan sueños y en cambio el material que traen al espacio está conformado por el relato de pesadillas. Eso para alguien que se propone escuchar desde el psicoanálisis es un obstáculo.” Fue a partir de estos dos motores que me propuse investigar y escribir respecto de si existen condiciones para soñar en contextos de encierro carcelario.

A continuación, me propongo caracterizar la institución en la que trabajo y analizar esa ocurrencia: “casi no traen el relato de sueños”, porque en ese casi se puede hallar la pista para un análisis posible. A veces, hay sueños…

Dos tiempos en la institución penitenciaria

Dos tiempos de trabajo diferente colaboraron en que pueda entender que no existe la cárcel, y es que, si bien hay elementos comunes, en la Provincia de Santa Fe no son todas las cárceles iguales, como tampoco lo son los diferentes tiempos del proceso penal.
En esta experiencia, encontré un primer tiempo en el que desarrollé mi tarea junto a una población privada de su libertad que en su mayoría se encontraba transitando el inicio de su condena. La unidad en la que trabajaba, por otra parte, se encuentra alejada de las grandes ciudades de la provincia y es difícil el acceso de personas externas al Servicio Penitenciario (SP), dificultando el ingreso de propuestas culturales, educativas y recreativas. Definí a ese tiempo, haciendo un juego con la obra teatral de Sartre, con la expresión “A puerta cerrada”. En dicho periodo, los relatos de los consultantes narran el sufrimiento provocado por la institución y aparecen las pesadillas.
Concebir a la institución penitenciaria desde Goffman (2007) y caracterizarla como institución total (IT), implica asumir que en ese periodo de a puerta cerrada es un periodo de suspensión de todo orden de decisión, en el que las posibilidades de elegir son restringidas o vedadas.
Aquí aparecen las preguntas. ¿De qué orden es el ordenamiento que la institución propone? ¿El orden institucional actúa produciendo una regulación de goce? ¿Es un ordenamiento ortopédico? ¿Es un ordenamiento que produce algún anudamiento? ¿En el plano del sufrimiento institucional hay lugar para la emergencia de la angustia? ¿El sufrimiento institucional funciona como relevo de la angustia? ¿Qué lugar hay para la emergencia de la angustia cuando la posibilidad de elegir está restringida?
Frente a este tiempo en el que impera el “orden de hierro” (Lacan, 1977) ¿Es posible soñar? ¿Qué se sueña?
La IT en el tiempo de puerta cerrada y durante la vida diurna, impone ideales que son institucionales, por ejemplo, tener una familia y trabajar. También se encarga de dirigir sutilmente qué trabajo hay que añorar y eso es para otro escrito… pero en general son oficios ligados a tareas manuales: carpintería, albañilería, herrería…En cambio, no se propicia institucionalmente ser químico o poeta, por ejemplo, eso no se sueña de noche ni se fantasea de día.
“Soñé que salía en libertad y compartía un almuerzo con mi familia”
También, en el plano de la libertad idealizada, es posible resolver toda problemática sin transitar por la angustia, casi mágicamente. Entonces “yo ahora me drogo porque estoy preso, pero cuando salga, voy a tener un trabajo, estar con mis hijos y tener una casa en el campo”
Aquí la tarea está ligada a producir intersticios en ideales que se presentan como latiguillos coagulados.
El plano del sufrimiento institucional es el de un padecer mudo, silente. Apostar a las palabras de Shakespeare en Macbeth “Dad palabras al dolor, pues es la pena que no habla, golpea el corazón demasiado cansado y lo invita a romperse” (Shakespeare, Acto 4, Escena 3)
Además de brindar ideales institucionales, la institución se encarga de sofocar las penas. Las penas se refuerzan con una inserción colectiva y religiosa (aquí hay algo del dogma que propone estar en la palabra de Dios) o se quitan mediante el uso de quitapenas, que es como Freud llamaba a los psicofármacos.
¿Hay posibilidad de soñar cuando alguien se duerme drogado o anestesiado ya sea por pastillas o por religión?

En un segundo momento, desarrollé la labor en una penitenciaría en la que un número importante de la población se encuentra transitando la última parte de su condena y tiene la posibilidad de acceder a los derechos que estipula la Ley 24600 de Ejecución de la pena privativa de la libertad. En esta Unidad hay posibilidad de solicitar salidas transitorias, libertad asistida o condicional. También hay más posibilidades de que ingresen propuestas externas al SP, y con ello propuestas de talleres y espacios culturales o educativos.
En este tiempo se produce un pasaje de la mirada panóptica a la mirada parpadeante [Covilli, s/f (inédito)], posibilidad de escansión, de fort-da (en el sentido de entrar y salir, alternancia o de pasaje) y emergencia de operaciones subjetivantes que permiten horadar lo totalizante.
En la obra de Sartre que mencioné anteriormente (A puerta cerrada), hay un diálogo que se puede interpretar como una descripción de lo infernal:
     GARCIN: (…) Entones es que ni siquiera se necesita el sueño. ¿Para qué dormir si no se tiene sueño? Perfecto.           Espere. Espere ¿Por qué es penoso? ¿Por qué es forzosamente penoso? Ya lo sé: es la vida sin corte.
     EL CAMARERO: ¿Qué corte? (…)
     GARCIN: De sus párpados. Nosotros parpadeamos. Eso se llama parpadeo. Un pequeño relámpago negro, una         cortina que cae y se levanta: el corte ya está. El ojo se humedece el mundo se aniquila. No puede saber usted           qué refrescante era. Cuatro mil reposos en una hora. Cuatro mil pequeñas evasiones (…).
     (Sartre, 2004, p.13-14).

La IT, en tanto todas las actividades se realizan en un mismo lugar y bajo la vigilancia de una autoridad única (Goffman, 2007), impide operaciones subjetivantes ligadas a la escansión y el corte, a pequeñas evasiones o parpadeos. En este plano ¿hay posibilidad para soñar?
“La puerta se abre”, cuando hay salidas transitorias, cuando se pueden elegir talleres o actividades, en aquellos momentos en que se vence o se suspende el arrasamiento y aplanamiento que produce la IT. En momentos en los que hay escansión, alternancia, fort-da y se puede poner en juego algo de lo mas propio o singular.
Los dispositivos externos al SP, quizás actúen poniendo un freno a la mirada panóptica (ese todo visto por todos) y ofrezca lugar a que algo de lo más propio y lo más privado advenga.
Es en ese tiempo de apertura en el que aparecen los dilemas existencialistas, las preguntas.

Fragmento de un sueño y su contexto

Juan fue abandonado por su padre a los tres años de edad y a medida que fue creciendo se prometió que el día que él fuera padre no abandonaría a sus hijos.
Últimamente está pensando en una charla que tuvo con su madre hace un tiempo. Ella le narraba que las cosas habían sido muy difíciles después de que su padre los había abandonado y que, para poder mantener la familia, tuvo que casarse con un hombre por dinero, obligada por las circunstancias.
En algún momento, Juan tejió las palabras que lo habitan en torno a un significante. Obligación. Relata lo difícil que debe ser estar con alguien obligado.
Afirma que a él nunca lo obligaron a hacer nada, pero él se obligó a muchas cosas.
Describe su matrimonio, por ejemplo, como una sucesión de actos auto impuestos que culmina cuando su mujer lo abandona.
A los fines de este trabajo no se describirán los detalles de la causa que conduce a Juan a estar detenido, un acto casi absurdo que desencadena en una condena breve de tres años. El tiempo suficiente para que todo cambie mucho en el afuera, a pesar de su ausencia. Sus hijes crecieron y pasaron de ser niñes a ser adolescentes.
Emerge el sueño, incómodo, termina con angustia, pero no es una pesadilla.
Poco tiempo antes de salir en libertad, Juan relata el siguiente sueño:
“Me encuentro en el juzgado esperando a que me den la libertad, entran sus hijos muy alegres, saltando y festejando y escucha una voz que le dice te vas a tener que quedar mucho tiempo”.
La voz que en el sueño es la del soñante, pulsión invocante del sueño que puede ser ubicada del lado de la lógica, culpa/condena/ castigo.
Hasta aquí uno puede preguntarse ¿cuánto tiempo más va a seguir pagando este hombre?
Concluyo diciendo que como analista pude comunicar el fin de la condena diciendo “mucho tiempo ya pasó, sus hijes ya crecieron, hay cosas que cambiaron. Quizás no vayan a festejar como niñes, saltando. ¿Cómo se le ocurre que será el festejo con adolescentes?”

"Negro y rojo / Black & Red", 2021. Foto: Andrew B. Silady

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